Pasa hoy con el profesor, el ingeniero, el pibe que salía de cenar con sus hijos, y todos los hechos violentos que la prensa muestra con un ensañamiento tan brutal como el de los delincuentes.
Decía, siempre discuto porque parece que a uno no le duele. Parece porque en realidad, si uno piensa que le tocan un hijo, o a su familia, quiere matar al hdp que se cruzó en su vida. Eso es el dolor, personal, íntimo, incurable. Nada tiene que ver con el nazi de Feimann y radio 10 invitando a marchas, ni con el patético gobernador Scioli, ni con los Ricos, los Patis, y los salvadores de la derecha que creen que si pueden mandar de por vida a un pendejo a la cárcel, la vida está solucionada.
Hace poco lei un artículo (quizás lo subí al blog y todo) algo asi como que los ricos armaron un modelo que excluia al 75% de la gente, y no quieren las consecuencias nocivas del modelo. Que verdad!
Hay que agarrarse. Creamos una sociedad de excluídos. No valoramos su vida, y nos horroriza que ahora vengan por la nuestra.
No hay countries, no hay seguridad privada, no hay policía, ni cárcel que nos pueda librar de esta, la sociedad que nosotros mismos creamos. Nuestro Frankeinstein.
Dejo artículo de Lanata en Crítica para compartir.
"Empezamos por el final" por J. Lanata
Discutimos la cárcel para nuestros jóvenes. Estamos empezando la discusión por el final. Al Estado argentino le preocupa la edad en que una persona puede ser imputable para castigarla. Como política hacia la juventud suena bastante pobre, ¿no? Nadie discute cómo educar, becar, trabajar, ayudar, formar a los jóvenes. Sólo cómo encarcelarlos. El delito parece ser una cuestión de azar, de geografía, de horarios (¿o de raza?). Se cree que si la población carcelaria subiera de 60.000 a 3.000.000, el delito terminaría. Algo así como que la población dispuesta a violar el derecho a propiedad o a la vida es estable, y se trata de identificarla, procesarla y ponerla a resguardo de por vida. Actuamos frente a los jóvenes como si ellos hubieran hecho el mundo; ellos y no nosotros. Tenemos hijos por azar, para que vivan nuestra vida, porque se pinchó el forro, porque ya es hora, porque creemos que unen a una pareja desunida, porque sí y porque –a veces– queremos tenerlos y son fruto del amor por alguien. Después, los tiramos en el colegio, pensando que es en ese sitio donde van a educarlos. Como el Estado desprecia a los maestros, hacemos lo propio: si un profesor aplaza a nuestro inocente niñito, decidimos que la culpa es del autoritarismo escolar, de la burocracia, del ministerio, pero jamás de la dulce palomita. Nos calificamos “amigos” de nuestros hijos cuando ellos esperan, en silencio, que seamos sus padres. Les transmitimos nuestros sueños: nada mejor que “salvarse”; la vida a veces da batacazos y se trata de esperarlos: esforzarse no vale la pena. Les dejamos absolutamente claro que tener es mejor que ser: un Mini Cooper, unas Nike, un buzo de GAP, un culo divino y un par de piernas largas (porque también se pueden tener personas). Les hacemos “sentirse parte”: de los vips, las tarjetas de crédito platino, el pase libre. Les exigimos que sean lindos, que estén despiertos y se muestren divertidos. Les vendemos drogas al efecto (¿o los jóvenes se las venden a sí mismos?) y después perseguimos a los más pobres por usarlas. Un día, el Dr. Frankenstein notó que el monstruo no lo obedecía. Y comenzó a temerle. Por supuesto, ya era tarde. ¿Es ésta una apología de los pibes chorros? Nada más lejano. Estoy diciendo que ninguna película se empieza a ver por el final. Si alguna vez discutimos las condiciones que generan la delincuencia, o la promueven, podríamos pensar en terminar con ella. Nos asusta que roben. Que roben en una sociedad que sólo condena a los pobres que roban. Nos asusta que maten. Eso los vuelve imprevisibles. ¿Quién les venderá las armas? ¿Otros jóvenes o los adultos? Nos paraliza que no le den importancia alguna a la vida. ¿Le damos, nosotros, importancia a la vida de ellos?

1 comentarios:
Sin duda que la sociedad es la principal responsable de la exclusión que sufren estos pibes, por elegir a gobernantes de cuarta que no quieren educar y ocuparse de mejorar la condición de esta gente, por hacer siempre la vista gorda de que no pasa nada, y cuando la bomba explota salen a pedir "que se vayan todos", pero mientras el bolsillo está lleno está todo bien.
Mientras no dejemos de mirar nuestro ombligo solamente, las cosas no van a cambiar...
Abrazo
Fede
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